jueves, 26 de marzo de 2009

Un equipo, una familia

Me gusta la nueva serie de que emie TVE1 los lunes por la noche. Pelotas se llama. La base de la serie es un equipo de fútbol regional, La Unión, y todo se desarrolla mostrando el día a día de todos los que tienen relación con el equipo: el presi, el entrenador, los jugadores, los aficionados... así como las familias de estos. Me gusta. Es una serie costumbrista aunque con algunos toques de imaginación. Pero no quería hablaros de la serie en sí, sino de lo que me produce la serie al verla.
Me trae a la mente viejos recuerdos, o quizás no tan viejos. Veo al personaje de Don Antonio, un jubilado que lleva toda su vida pegado al equipo, se acuerda de toda la historia del club, y se dedica a colocar las fotos del equipo en el bar donde se junta todo el equipo. Y entonces recuerdo aquella época entre Octubre del 97 y Diciembre del 2000, cuando yo jugué en un equipo que se asemejaba bastante. Yo era un crio, entre 10 y 13 años, y me fascinaba entrar al bar del equipo y ver viejas fotos, al presi con pelo, y me imaginaba que yo también saldría alguna vez. De hecho pudimos haber salido alguna vez, el primer año fue brillante, pero creo nadie se acordó de hacer las fotos, o pedirlas a quien las hizo. Al menos conservo las que hizo mi madre.
En el último capítulo de la serie uno de los jugadores dijo algo como "presi, si hace falta, renunciamos a nuestro sueldo para poder fichar a nuevos jugadores, pero por favor no echen a nadie, porque todos llevamos jugando juntos desde pequeños, La Unión es como una familia." Me toco la fibra. La verdad es que soy un puto nostálgico, siempre recordando cosas pasadas, cuando no es el instituto, son mis equipos de fútbol. Así soy. Como digo, me tocó la fibra, porque en mi cabeza siempre ha estado la misma idea, que un equipo de fútbol es como una familia. Y entonces también recordé otro de mis equipos. Fue en la temporada 2005/2006. Era mi tercer año en el equipo, pero fue diferente de los dos anteriores. Porque yo había dejado el equipo tras el segundo año, pero alguien me convenció para regresar cuando ya se habían jugado 7 o 8 partidos. Volví y encontré algo muy diferente. Los veteranos, osea, los que teniamos 17 o 18 años, seguían todos, al algunos de ellos les conozco desde la guardería y otros habían sido mis compañeros de instituto. Pero también encontré medio equipo de chavales nuevos, todos con los 16 recién cumplidos.
Fue un año duro, porque cuando llegué el equipo iba de pena, no hacía más que perder. Sin embargo, con el paso de los partidos, fuimos jugando mejor, también en parte porque volvieron nuestros entrenadores del año anterior. Fue un hermanamiento entre jóvenes, veteranos y entrenadores. Lo dicho, creo que llegamos a formar una gran familia. Además, cuando volví terminaron las obras del campo de nuestro barrio y así evitábamos tener que buscar otro campo donde jugar de locales. Fue increible, porque en nuestro barrio nadie nos tosía. El campo de la Olla (le llamamos así por lo de que la olla de garbanzos que tiene el record guinnes del mundo está justo al lado del campo) se convirtió en un fortín. Sin duda no éramos un gran equipo, pero le echávamos más huevos que nadie y si uno fallaba allá estaban los demás para animarle. Los entrenadores nos hacían unos entrenamientos cuasi militares, y aunque nos quejábamos en el fondo creo que hasta nos gustaban.
Siempre digo que hubo dos momentos que nos marcaron. El primero fue cuando conseguimos ganar al otro equipo del barrio. No lo voy a negar, les odíabamos porque eran el equipo mimado del barrio, los que se llevaban las subenciones, los mejores horarios de partidos y entrenamientos... y se mofaban ante la posibilidad de que ganasemos. Y casi tuvieron razón. Porque quedaban 10 minutos y nos ganaban 4-2, pero entonces apareció nuestro mejor jugador, un delantero que mide sólo 1,60 metros (que por cierto, en tres años marcó más de 60 goles) y después de haber marcado los dos primeros goles, provocó dos penaltis y dio una asistencia de gol y ganamos 5-4. Fue increible.
El otro momento fue cuando conseguimos evitar matemáticamente el descenso. Quedaban dos partidos más a parte de ese. Jugábamos contra uno de los primero clasificados. Pero amigo, jugábamos en la Olla. Empezamos ganando con gol mio. Remontaron a 1-2, empatamos a 2 y volvieron a marcar para ponerse 2-3. Y falta de 5 minutos marqué el empate a 3. Y en el descuento marcamos el gol de nuestra victoria por 4-3. Cuando pitó el árbitro yo no podía más, nadie podía más, me tiré al suelo. Mi mejor partido del año, dos goles, una asistencia y un tiro de falta al larguero. !Si hasta mi abuelo había venido a verme por primera vez¡ (que ya le vale, 18 años tardó, jajaja). Cuando por fin me levanté vino de mis compañeros, me abrazó y me dijo "que bueno eres". Algo que nunca olvidaré.
Como digo, fue un año especial, nunca he vivido otro año así. Éramos una familia.
Los dos equipos de los que os he hablado, Promesas Romeral y Las Fuentes, siempre tendrán un sitio dentro de mi, junto al Real Madrid.
Os recomiendo ver la serie de Pelotas. Me gusta. Me trae grandes recuerdos.

1 comentario:

josé sellés dijo...

hola, Juanlu, gracias por pasarte. Está bien la entrada,
Saludos desde
futbol-chicks.blogspot.com